Apostillas a Huf!

cuerpo hijosdelossuseños

Me gustaría insistir en algo: el manifiesto HUF! no es más que la culminación de un largo recorrido donde he ido constatando una serie de aspectos en la realidad y afianzándome en mis convicciones.

Es un error confinar a espacios privados la acción de la sensibilidad artística/creadora, a momentos/contextos especializados, enmarcados, protegidos, insonorizados.

Es mucho más efectiva la acción cuando salta por encima de los paradigmas, cuando altera el sistema, lo sorprende; incluso cuando tarda en ser percibido así, pero ya ha dejado sus ‘cargas de profundidad’.

Por otra parte, la respuesta a la ‘monstruosidad’ intelectual y posicional de las instalaciones conservadoras (poderes fácticos y entornos acríticos), no es la inhibición típicamente romántica, de renuncia enfermiza ante el tamaño apabullante del monstruo, ni es la cobardía ante su impresionante musculatura, su descomunal maquinaria; tampoco el resentimiento y la parálisis, ni el pesimismo, ni la mística de la autoaniquilación, automutilación, el nihilismo, el vacío…. dar por perdida la batalla. Entre otras razones, porque se trata de una batalla que se gana en el punto de partida y se continúa ganando integralmente desde que se toma conciencia y se asume en el primer ámbito de la voluntad.

Huf! entonces, es manifiesto de lo que vengo haciendo desde siempre, tal vez por eso, estoy donde estoy: es una consecuencia. ¿Puedo lamentarme de mi batalla en solitario? ¿Puedo sorprenderme, ahora que quiero participar de otros cauces tan evidentes y oficializados, de que no me reconozcan? ¡Soy un extranjero!

Me apresuro a decir, sin embargo, que este manifiesto, que puede parecerse a un ‘salir del armario’ ha de representar/suponer una invitación a la acción. Un juego inteligente, donde las formas, el cómo, el tenor, el gesto casi imperceptible o escondido en un extraño trabalenguas, lo que intrínsecamente podemos concebir como energía esencial e integralmente creativa se pone en juego, o se convierte en gelatina para colarse en las fisuras de los impresionantes establecimientos de esta magna trampa social.

Este manifiesto no espera afiliación, sino invitación a una conducta. No espera anexiones para tejer una malla que se arrastre por el fondo del mar para atrapar a los alevines, ni quiere usar arpones para capturar a imponentes cetáceos. No pide aquiescencia ni comuniones: estimula la superación propia de cada cual para disponerse a cuestionar incluso este mismo manifiesto. Es autodestructivo porque lo que busca está más allá.

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Juan Ceyles