Juan Ceyles Domínguez y la poesía epifánica

ANTONIO AGUILAR. Antología de la sospecha. Ed. El toro celeste. Málaga, 2017

Si los poetas Javier Espinosa y Francisco Cumpián, como hemos visto, quedaban alineados por unas poéticas basadas en la provocación y en la entrega confiada a la palabra, la poesía de Juan Ceyles Domínguez se aleja de estas certezas y va a partir de la misma premisa que la obra de Merlo: la duda ante las posibilidades del lenguaje para comunicar significados estables. 

Se podrían establecer, por tanto, dos ejes perpendiculares en la poética de la Generación del Túnel: de un lado, el formado por Javier Espinosa y Francisco Cumpián, cuyos recursos se apoyan esencialmente en la provocación como mejor manera de afirmar sus poéticas particulares; y de otro lado, el sentimiento (casi puro instinto) que comparten Juan Ceyles y Fernando Merlo, la desconfianza ante un lenguaje que nos ha sobrevenido y que se adivina instrumento del poder. 

Fernando Merlo, que llevaba al límite este cuestionamiento, acabará por encerrarse en un callejón sin salida y, consecuentemente, dando por concluida su obra poética (un silencio que finalmente no será definitivo, tal y como hemos visto). Juan Ceyles, sin embargo (cuya trayectoria llega hasta nuestros días), va a seguir un camino distinto (e igualmente áspero): aunque el lenguaje esté corrompido por siglos de uso y por los consabidos mecanismos de automatización, todavía sigue siendo el mejor (y más dúctil y complejo) instrumento que tenemos para explicar (y explicarnos) el mundo; por tanto, es obligación del poeta acercarse a él y seguir manipulándolo para intentar devolverle esa primitiva capacidad de levantar cada vez un mundo prístino y flamante ante nuestros ojos. 

Si los significados no son unívocos o el lenguaje está momificado por el uso cotidiano, el poeta tiene que acudir a otros elementos que también están en el lenguaje y que muchas veces obviamos. El propio sonido de las palabras puede despertar en nosotros emociones (e incluso reflexiones) de las que no habríamos sido capaces de otra manera (una intención que está en la base de los juegos fónicos de las vanguardias más lúdicas); si utilizamos el verso para combinar esas palabras (y sus acentos), el ritmo resultante nos llevará a otros lugares y paisajes; y si finalmente añadimos el cuidado en elegir las palabras por su color con el fin de extraer del lenguaje su primitivo poder de evocación (las palabras, como la voz, también tienen coloraturas), dan como resultado los tres componentes insoslayables de la poesía de Juan Ceyles Domínguez: sonido, ritmo y color. Unos elementos que ya Salvador Rueda consideraba como esenciales en la revolución poética modernista, y que Ceyles utilizará no solo con la intención de devolver al lenguaje sus propiedades originales, sino también con la de crear un nuevo código de representación lingüística. A estos elementos podríamos sumarle la atención prestada por el poeta a la disposición de las palabras en el blanco de la página (no hay que olvidar que Ceyles es también artista plástico) y su acercamiento, por tanto, al carácter visual de la poesía, una conquista propia de las vanguardias históricas y que ha singularizado lo que se ha dado en llamar “poesía concreta” . Como ejemplo de esta poética extrema puede servirnos el poema “[Indecible]”, en el que la palabra cae se desliza (decide viento) por la página en blanco imitando la caída de las hojas y observando uno de los supuestos básicos de la poesía concreta: las palabras deben hacer lo que dicen. El propio título del poema, “Indecible”, alude a la imposibilidad de su lectura oral y, por tanto, a que nos veamos obligados a “verlo”.

Estos juegos neovanguardistas, aunque muy recurrentes en la obra de Ceyles, no constituyen, sin embargo, la base sobre la que se asienta su particular poética. Son, solamente, algunos de los recursos utilizados por el poeta para construir ese nuevo y personal código de comunicación que devuelva al lenguaje su primitiva libertad creadora, pero también su capacidad para cuestionar los oscuros cimientos sobre los que se asienta la sociedad actual. Un ambicioso empeño que traspasa medularmente el conjunto de su obra.

La mayor parte de la obra Ceyles (quizás la más extensa del grupo malagueño) todavía permanece inédita; hasta ahora ha publicado seis libros de poemas (dejando  a un lado otros géneros literarios como la narrativa y la reflexión filosófica): Cartas a Elvira y a Iska (en colaboración con Fernando Merlo, 1970); Paisaje de lumiagos (1987); Versos para enterrar el verano (1993); Inventario de poemas crónicos y metafísicos (1999); Antología de la sospecha (2002), Cruzando Kazmadián. Summa incompleta. 1970-2010 (2013), y Eme. Diario de un transformista (2015). 

Cruzando Kazmadián, su libro más definitorio, no es una antología de su obra publicada (aunque el límite de fechas nos pueda inducir a error) sino un poemario “nuevo” que recoge poemas inéditos escritos a lo largo de cuarenta años (son los límites del subtítulo) que el poeta ha ido seleccionando y estructurando cuidadosamente sin que el resultado se corresponda con ningún orden cronológico. A este poemario pertenece “Labrar la palabra”, un texto que ejemplifica de manera clara el trabajo del poeta como “cultivador” (u orfebre) de la palabra. Juan Ceyles, de la misma manera que los poetas místicos (y después, los poetas del silencio) resuelve la inefabilidad del lenguaje poético a través de la antítesis y/o de la paradoja:

Labrar la palabra hasta que ella misma no sea más que un destrozo:

una hermosura silenciosa capaz de manchar una pared, de salpicar 

una nube, capaz de besar tu cuello y mezclarse en tu saliva, capaz de

escalar hasta tu corazón o tu cerebro.

Ser nada en sí misma para poder alcanzarlo todo

Y es este empeño en la reflexión metapoética (a veces de forma explícita, otras de manera transversal) la cualidad que mejor define la obra de Ceyles. La libertad en la disposición tipográfica, el uso arbitrario de minúsculas y mayúsculas, la eliminación de signos de puntuación, la creación de neologismos, la dislocación de la sintaxis convencional…, son solo algunos de los procedimientos usados por el poeta con un mismo fin (todos ellos heredados de las distintas poéticas de las vanguardias): la creación de un nuevo código capaz de devolver al lenguaje su primitiva capacidad epifánica. 

Juan Ceyles, que es consciente de que una sola poética es insuficiente para un empeño tan arduo, recurre también a la diversificación del emisor. Para ello no solo va a indagar en cada uno de los yos superpuestos que componen el yo poético (el creador, el hijo, el pintor, el poeta, el hombre adulto…), sino que también va a multiplicarse en distintos heterónimos (surgen así Lucio Ségel, Federico Bo, Olga Márquez o Irma Tagla), cada uno de ellos (a la manera de Pessoa) con una poética personal y sustancialmente diferenciada. Este entramado de redes significativas de diferente altura y longitud contribuye a que se incrementen las posibilidades de llegar al lector, pero también, paradójicamente, al cripticismo de su obra poética.

Es el caso de su última entrega, Eme. Diario de un transformista, un libro de difícil clasificación que no deja tregua al lector. Prosa poética, poesía en prosa, poesía a secas, van construyendo (y deconstruyendo) el caos a que el tiempo somete los recuerdos. Los monólogos interiores (a la manera de Joyce), la sucesión de neologismos, las rupturas temporales y sintácticas… van conformando un denso magma de múltiples significados (ideológicos, críticos, metafísicos o metapoéticos) que hay que aprender a descodificar en aras de una interpretación que, finalmente, acaba siendo tan subjetiva como susceptible de incurrir en ambigüedades.

Pero quizás sea en las confesiones/reflexiones contenidas en los aforísticos versos del poema “Ocurrencias de Malevi” (de Cruzando Kazmadán) donde mejor pueden seguirse las intenciones de Ceyles, su afán por diversificarse y, de paso, su escepticismo: “Considerando mis continuos compromisos / Soy un poeta promiscuo // Tampoco doy mi fidelidad a ninguna vocación / Soy un suicida permanente // Aspiro a derramarme / En la diversidad // El fracaso es garantía de vitalidad // Mi obra está en el camino / No pienso llegar a ningún sitio”.

Y es que los temas fundamentales tratados por Ceyles, el paso del tiempo, la memoria, la naturaleza del amor, la denuncia social, las reflexiones metafísicas y metapoéticas…, no quedan lejos de las preocupaciones que han ido sucediéndose y superponiéndose a lo largo de la historia de la poesía, donde sí hay un cambio sustancial es en la manera de abordar el lenguaje, porque para Juan Ceyles Domínguez la lengua es ante todo territorio para la experimentación. 

***

En la selección de los treinta y cinco poemas que componen la antología se ha tenido en cuenta que reflejen de manera clara la riqueza y diversidad de las poéticas contenidas en sus diferentes libros. También que, separados del conjunto, funcionen como poemas autónomos. Además, se ha incluido un último texto en prosa (en realidad una columna periodística) como ejemplo de la ruptura de los géneros tradicionales efectuada por el poeta a lo largo de su trayectoria. En ocasiones ha sido necesario acudir a las notas a pie de página para aclarar referencias cultistas, dar cuenta de la creación de neologismos o llamar la atención sobre algún pasaje de difícil interpretación. Tal y como se ha hecho en las propuestas antológicas de sus compañeros de generación, se han mantenido las citas que preceden a algunos poemarios porque son una ayuda inestimable para guiar al lector.

BIBLIOGRAFÍA

OBRA POÉTICA

—Cartas a Elvira y a Iska (en colaboración con Fernando Merlo), Málaga, Imprenta Sur, 1970. 

—Paisaje de lumiagos, Málaga, Publicaciones de la Imprenta Dardo, Colección “Abén Humeya”, nº 6, 1987.

—Versos para enterrar el verano I, Ayuntamiento de Casabermeja (Málaga), 1993.

—Inventario de poemas crónicos y metafísicos, Málaga, Ultramar, 1999.

—Antología de la sospecha, Málaga, Ediciones de Aquí, 2002.

—Cruzando Kazmadán. Summa incompleta. 1970-2010, Málaga, Centro Cultural Generación del 27, 2013.

—Eme. Diario de un transformista, Málaga, etc El Toro Celeste, 2015.

INCLUSIÓN EN ANTOLOGÍAS

“Los territorios de la palabra”, ANS. Ateneo del Nuevo Siglo, nº 21, Málaga, diciembre de 2015, pp. 94-97.

—Cincuenta cumplidos. Ateneo de Málaga. 2016.

BIBLIOGRAFÍA CRÍTICA

ABAD, Antonio, “Las metáforas visuales de Juan Ceyles”, introducción al catálogo de la exposición Polimorfemas de un erizo, de Juan Ceyles Domínguez, Málaga, Delegación de Cultura / CEDMA / Diputación de Málaga, 2014, pp. 7-8.

AGUILAR, Antonio, “Juan Ceyles, poeta promiscuo”, en Antonio A. Gómez Yebra (editor), Patrimonio literario andaluz (V), Servicio de Publicaciones de la Fundación Unicaja, Málaga, 2016, pp. 335-345.

BIANCHI, Marina, [Reseña], “Juan Ceyles Domínguez, Cruzando Kazmadán. Summa incompleta 1970-2010”, Duende, Suplemento virtual de Quaderni Ibero Americani, Università degli Studi di Bergamo, nº 9, junio 2014, pp. 21-22.

BUJALANCE, Pablo, “La ceremonia del caos”. EME. Diario de un transformista. El toro celeste. Málaga Hoy. 27 junio 2016.

CHICA HERMOSO, Francisco, “Juan Domínguez Martínez”, en Diccionario de escritores de Málaga y su provincia (dirección y edición de Cristóbal Cuevas), Madrid, Castalia, 2002, pp. 230-231.

“El escritor insomne. Obra en curso”, introducción a Juan Ceyles Domínguez, Cruzando Kazmadán. Summa incompleta (1970-2010), Málaga, Centro Cultural Generación del 27, 2013, pp. 7-21.

MORALES LOMAS,Francisco, Cruzando Kazmadán, Summa Incompleta (1970-2010), Revista Paraíso. Nº 11. 2015.

—Cruzando Kazmadán. Summa Incompleta (1970-2010). Sur. Revista de Literatura. 2 noviembre 2014.

MORENO AYORA, Antonio, “Décadas de inconformista escritura”, Cuadernos del Sur, Suplemento Cultural del Diario Córdoba, Córdoba, 10 de mayo de 2014, p. 6.

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