La Biblia del Oso

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Casiodoro de Reina escribió mucho, pero corrió más: fue un especialista en salto de obstáculos y de fronteras; no lo hacía por amor al deporte, por más que compartía aquello de mens sana in corpore sano; corría porque lo perseguía el Santo Oficio y su Servicio Secreto internacional. Y no para concederle el maillot amarillo precisamente, que bien se merecía por su gran obra, sino para quemarlo vivo. Su delito: escribir bien, porque bien pensaba, y pensaba mejor porque escribía su pensamiento; con su traducción hizo que todo el mundo accediera a lo que tenían reservado solo unos pocos; “poderoso instrumento es éste para deshacer sus tinieblas en el mundo y echarlo de su vieja posesión”.
El Prólogo de su Biblia es una joya de inteligencia y de sublime gracia. Que se conozca como la Biblia del Oso, solo por el carácter de su encuadernación, tiene cojones; debería llamarse, con todo merecimiento, La Biblia de Casiodoro; extraordinaria, muy extraordinaria literatura. De vez en cuando me doy un garbeo por sus frondosas y nutritivas páginas. ¡Ah, el Santo Oficio! ¡Qué gran fuente de inspiración para los malvados!

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Juan Ceyles