Todos sufrimos. Todos abrigamos esperanzas. A mí me pilló el confinamiento bastante confinado ya, con salidas muy restringidas. Trabajando intensamente en mis proyectos (mi programa personal y mis compromisos con etc/El Toro Celeste).

Todos sufrimos. Todos tenemos esperanzas. Desearíamos, claro, que todo se resolviera milagrosamente. Que todos tengamos cordura suficiente, que estemos acertados, que actuemos con diligencia… Claro, por supuesto, es lo deseable. Pero no hay soluciones milagrosas; hay gente apechugando en primera línea (en las trincheras) y hay gente en la retaguardia, confinados, como ahora toca.

A qué nos dedicamos en el confinamiento. Qué podemos hacer, aparte de esperar un milagro. ¿Podemos hacer que se produzca?

Algo podríamos hacer, al menos, no ponerle trabas a esa remota posibilidad.

Volver a pensar el mundo, volver a pensarnos. Revisarnos. Ponernos al día. Con nosotros mismos y con los demás.

Yo soy escritor de Diario; estoy continuamente en ello. En mi cuaderno anoto prácticamente todo lo que me sucede o pasa por mi cabeza. Al principio, detallaba lo que hacía; mis experiencias, mis aventuras, mis ideas, mis conflictos… prácticamente, punto a punto, las horas y los días. Pronto abandoné este imposible sacrificio. No era tan importante lo que hacía, ni lo que me ocurría, salvo determinados episodios. Tenía que ser selectivo. Me lo prometí.

Además, llevar un Diario, tiene sus ventajas; te permite tratar asuntos íntimos, discutirlos contigo mismo, recrearte en ellos, desahogarte, hacer justicia, arreglar el mundo en tu soledad, inventarlo… Otra cosa importante: también te permite regresar en el tiempo, corregirte, revisarte.

Escribir ayuda a pensar. Es también una terapia. A mí me funciona. Evita que me olvide; me obliga a ser coherente.

Lo inicié muy joven; así que tengo miles de páginas con las que podría casi reconstruir mi vida, y también la de algunas otras personas.

A veces, he tenido la tentación de trasladar este ejercicio a mi blog, adaptándolo, claro, y con mucha cautela. Compartir no siempre es conveniente. Depende. Hemos de ser cautos, en el doble sentido: pensando en nosotros y en los demás. Pues con la mejor intención podemos hacer daño.

Me pregunto una vez por el significado de ‘amigo’ en las RRSS. No veo mal abrirlo. Desde luego. Y confiar un poco más en la salud del prójimo, aunque algunos no siempre den la talla. De un amigo a otro, el mundo se conecta. Como decía uno de los pioneros del marketing, “ya no tienes que ir al mundo, el mundo viene a ti”.

En definitiva, limando asperezas, esto es extraordinario.

Siempre me han interesado las tecnologías, las máquinas. He manejado muchas y de todo tipo; por poner un ejemplo, me familiaricé con una portentosa Burroughs, inventada por el abuelo del famoso escritor. Su corporación desarrolló –creo- las primeras computadoras para la programación de los lenguajes de alto nivel (Algol, Kobol y Fortran) con importantísimas aplicaciones no solo para la empresa civil, sino también para la bélica. La tecnología siempre tuvo más de una cara e infinitas aplicaciones. A veces son utilizadas para salvar vidas, para resolver problemas estadísticos y otras para hacer daño, incluso para destruir vidas. Es inconcebible el mundo sin ellas, por más que lamentemos ciertas aberraciones.

Vivimos, gracias a ellas, una realidad apasionante.

A pesar de la semblanza con la que a veces se nos dibuja, soy positivo. Confío en el ser humano.

La Red nos permite influir, poner nuestro pensamiento a disposición, compartir. Abrir una conversación casi ilimitada. Nos permite participar. En estos momentos, quién la pone en cuestión.

Apelando a la responsabilidad de cada uno, hemos de intentar que esto sea un foro digno y no un vertedero…

Siempre me ha parecido un principio ético decir desde dónde se habla, antes de iniciar una conversación.

A partir de estas reflexiones me intereso por la convivencia. Y quiero compartirlo con vosotros.

Desde la convivencia, en este nivel íntimo, comprendemos que hay algo que depende de nosotros. El primer paso sería invitarnos a nosotros mismos a no perder el tiempo y a no desperdiciar energía. Economía y política en sus primeros compases.

Retomo la pregunta con la que inicié esta reflexión:

¿Qué podemos hacer? (por nosotros y por los demás).

 

[CONTINUARÁ]

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