Vengo caminando…

caminante-del-desierto

Fotografía: Rafa de Las Heras

Laborioso, doloroso… el caminar -emprendedoramente-. Mucha invitación grandilocuente pero… cada vez que necesitas algo: una muralla (de burocracia, de recovecos, formularios impronunciables…) de tiempo, de dinero…, que te chupa la energía, y ya hemos caminado mucho contra tanto aburrimiento. Claro que no nos venimos abajo, ni esto significa un mero lamento: bufidos de complicidad para otros caminantes.

Desde el comienzo de nuestra vida (digo bien; en plural, que no es mayestático; nunca voy solo; yo nunca fui uno solo; llamadle como queráis a esta patología). La tendencia tenía síntomas parecidos al constipado, pero se ha ido haciendo crónica aquella perseverancia y ya es algo asumido.

No encontrar suficientes motivos para sentirnos satisfechos, aunque sí en la confirmación del esfuerzo y en encontrar un sentido, aunque sin despejar definitivamente las dudas.

Retomar este blog (el anterior fue atacado y desbaratado; intento recuperar alguna información) me obliga a una nueva reflexión. El blog me sirvió para organizar mis trabajos, mis notas… Ahí lo fui colocando todo, lo que te permite un fácil acceso a todo ese material. La otra dimensión es que el blog es una especie de diario abierto; haces públicas tus reflexiones, tus opiniones ¿o las discriminas en función de su carácter? Hay, todavía, otra dimensión, aunque siempre llevo a mano un cuaderno, esta invitación a escribir directamente sobre el teclado y hacerlo público de forma inmediata, tiene sus riesgos, su vértigo; puede dar lugar a muchos arrepentimientos, que no siempre podrán remediarse.

Bueno, hace bastante tiempo que ya decidí asumir mis contradicciones. Despego, pues.

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Juan Ceyles